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viernes, 11 de septiembre de 2015

Alianza para la nutrición

Margarita Cedeño De Fernández

Ha quedado demostrado que existe un vínculo perverso entre pobreza, desigualdad social y una mala nutrición. 

Las privaciones que sufren las poblaciones vulnerables les impiden acceder a los micronutrientes necesarios para garantizar su bienestar y salud, lo que a la larga resulta en un desempeño mediocre en el ámbito educativo y laboral. Es lo que ha venido a llamarse la “trampa de la pobreza nutricional”.

La malnutrición limita el desarrollo cognoscitivo, afecta los resultados de los índices educativos, aumenta los riesgos de enfermedades catastróficas y mortalidad, resultando en la perpetuación del círculo de pobreza y la desigualdad social.

El costo económico de la malnutrición, que el Banco Mundial cifra en decenas de billones de dólares cada año, plantea la necesidad de abordar la problemática e implementar políticas públicas innovadoras para la distribución de micronutrientes fortificados y suplementos alimenticios. 

La República Dominicana ha estado a la vanguardia en ese sentido, implementando las Chispitas Solidarias y Progresina desdeProgresando con Solidaridad

Con Chispitas solidarias suministramos un conjunto de micronutrientes a la población vulnerable, lo que ha resultado en una disminución de la prevalencia de anemia en un 50% en las provincias observadas.

Por igual, con la distribución de la Progresina, fórmula de suplemento alimenticio para niños, embarazas y envejecientes, hemos mejorado las  condiciones de estas poblaciones.

La razón de ser de estas intervenciones reside en el hecho de que “una buena nutrición es un pilar fundamental del capital humano”, como ha afirmado el Banco Mundial.

 La malnutrición aumenta los riesgos de discapacidades y mortalidad en la edad infantil. En un 60% de los casos de mortalidad infantil a nivel mundial, se han observado signos de malnutrición, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los recién nacidos con bajo peso, resultado de una mala alimentación durante el embarazo, tienen 10 veces más posibilidades de morir que un recién nacido de peso normal. 

Cada año, un millón de niños fallecen por fallas en su sistema inmunológico producto de la carencia de vitamina A. Por igual, la falta de hierro en embarazadas cuesta la vida de 60 mil mujeres cada año y las deficiencias de otros nutrientes en el embarazo causa severos traumas a los recién nacidos, que resultan en discapacidad mental para millones de niños alrededor del mundo. 
El mal hábito de una nutrición errónea es el resultado de los factores que inciden en la pobreza, como la inseguridad alimentaria, el pobre acceso a sistemas de salud, el desconocimiento y las limitaciones físicas. 

Al limitar las posibilidades de la familia para dedicarse a actividades productivas, se multiplican las causas de la pobreza, socavando las oportunidades de la familia de salir de la pobreza. Todo esto resulta en una mayor desigualdad social en nuestras sociedades.

El Foro Mundial,  auspiciado por el Banco Mundial y el Plan Mundial de Alimentos en Moscú, Rusia, ofrece una oportunidad para poner en relieve el vínculo entre malnutrición, pobreza y desigualdad social, de manera que sus causas y efectos sean abordados con mayor determinación.

Para que la ciudadanía tenga la oportunidad de trabajar por un mejor país, requiere de salud y bienestar, iniciando por el acceso a los nutrientes necesarios para toda la familia. Y es lo que estamos haciendo.

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